miércoles, 6 de enero de 2021

Proyectos inaplicables y la puta costumbre de poner el palo en la rueda X

Proyecto vacacional (final)

    Como era de suponer hubo quienes festejaron la medida, tal fue el caso de Catalina Ballesta, Madre Grimaldi y otros tantos obsecuentes y “opositormente” oficialistas. Los mismos de siempre se opusieron. No era que necesitaran del recinto ya que una vez conformados los grupos culturales las reuniones podrían realizarse en la plaza o en cualquier casa de familia. Pero había algo que los sublevaba: la cruel y despiadada mentira de Antonov y sus secuaces consejeros. Ni un centavo del ayuntamiento era destinado a la casa de cultura. La refacción y puesta en funcionamiento, el consumo de electricidad, gas y agua corriente, los derechos de autor de los conciertos, obras de teatro y demás eventos allí realizados, los materiales utilizados en expresión plástica, los cursos, seminarios, audiciones y conferencias, en fin todo el funcionamiento de la casa de la cultura era sin un puto aporte del puto ayuntamiento ni de la puta concejalía. Todo, absolutamente todo corría por cuenta y orden de sus concurrentes. La institución se autofinanciaba y el excedente de la excelsa administración se había utilizado para la ampliación del edificio y caridad alimenticia financiando al comedor comunitario que había sufrido la disminución en los aportes oficiales.

 

    Otra vez: mensajes en la radio, panfletos, radios abiertas, cartas a los diarios e improvisados mítines en las esquinas del “Plateado” y frente al ayuntamiento. Como contrapartida o propaganda oficial Dora Beata parió un hermoso proyecto vacacional: “Dame un libro... te doy una birra” consistente en el trueque de material bibliográfico en desuso por bebidas alcohólicas preferentemente cerveza de mala calidad. Promocionando el libertinaje y la diversión sin límites durante las vacaciones.

 

    Llegaron grupos de alborotados adolescentes que acamparon en las afueras de la aldea, a orillas del río Blanco, en la plaza, en el estacionamiento del ayuntamiento. Dora Beata de la Cruz Martínez inauguró “Las vacaciones más locas del reino” amontonando los libros en una inmensa pira frente al colegio secundario. Miles de alumnos renegados desfilaban frente al silencioso edificio que parecía llorar a través de sus ventanales y al grito de: -¡Birra, Birra, Birra!- encendieron en nacionalsocialista hoguera el montón de libros cambiados por alcohol. Dorita sonreía mostrando groseramente sus equinos dientes y desde improvisado palco saludaba con la mano derecha el desfile de las diferentes delegaciones que a su paso elevaban la mano y clamaban por más cerveza.

 

    -¡Birra, Birra, Birra!

 

    -¡Birra, Birra, Birra!

 

    -¡Birra, Birra, Birra!

 

    La imagen dio vueltas al mundo. Ochenta vueltas en un solo día. Los europeos miraban horrorizados y varios noticieros se atrevieron a establecer la analogía entre éste desfile de “locas vacaciones” y la quema de libros del tercer Reich. Los norteamericanos aprovecharon la volada para hacer propaganda en contra de las monarquías, menos de la inglesa... por supuesto. Los chinos, por las dudas, estacionaron sus tanques de guerra en casi todas las plazas de la república (todas rojas). Los rusos ignoraron diplomáticamente el tema, ya que como se sabe hubieran preferido irrumpir a los disparos en el recinto y culpar (por si las moscas) a los chehenos, o a los de Georgia, o a los de... Pero el caso más extraño se vio en Sudamérica donde no sólo no se repudió lo sucedido sino que algunos conductores de programas de tevé lo usaron en sus humoradas y no faltaron los idiotas que intentaron realizar quematas similares en sus propios pueblos.

 

    La ocupada aldea traía infames recuerdos de otras épocas, plazas copadas por las fuerzas del tirano ante la atónita mirada de estupefactos pobladores y, contra esto, la tímida oposición de un grupo mínimo, de aquellos mismos de siempre que no se sometían a la demagogia. 

 

    Y que no lo harían nunca. 

     

    Nunca.

 

    La noche de la quema de libros terminó, como era de suponerse, cuando llegó el día. Ya con las primeras luces del alba podía verse el triste espectáculo de miles de cuerpos diseminados por casi todas las calles del poblado. Charcos, lagunas, mares de vómitos emanaban su hediondez inundando el aire de un almizcle ácido. Cerca del barrio de comercio unos perros lamían los despojos lanzados por los ebrios. Más allá la perra pastor alemán del maestro defecaba sobre los cuerpos de otro grupo de alumnos renegados. Llegando al basurero los recolectores notaron que entre los despojos que llevaban en el camión habían cargado (tal vez sin querer, tal vez no) algunos borrachos. La misma Dora Beata fue encontrada hiperultraemborrachada y semidesnuda junto a dos adolescentes detrás del escenario de la plaza. Los vecinos parapetados en sus casas llamaban furiosos a la radio; mientras que los simples ciudadanos, rumbo a sus diarias ocupaciones, esquivaban los cuerpos diseminados por doquier.

     

    Llegando el mediodía cuando Febo comenzó a hacer ostentación de su magnificencia, las náuseas de su propio hedor hizo multiplicarse la superficie de vómito diseminado. Cerca de las seis de la tarde cuando la fresca paulatinamente desplazaba el nocivo efecto del calor solar se hizo tangible la aseveración de las sagradas escrituras y asistimos a la resurrección de los muertos. Comenzaron a moverse los cuerpos adolescentes y nuevamente hordas de jóvenes coparon la aldea. Tímidamente al principio, enardecidos luego recorrían las pocas calles al grito unánime de: -¡Birra, Birra, Birra! La presidenta de la concejalía notaba a su pesar que el chiste se le había escapado de las manos. Pero luego de que uno de los niños que la había poseído entre copas la noche anterior le acercara más cerveza se unió a la caravana. 

 

    Las hordas asolaron la estación incentivados por Dorita. Luego (aún desconocemos quién fue el iluminado) alguien sugirió que si era “dame un libro, te doy una birra” libros hay en una biblioteca. Y así fue como los jóvenes, en plena ansiedad post-resaca destruyeron la biblioteca popular. Ante tal magnitud de desmanes el Real Instituto de Salud Pública, puso a la aldea en cuarentena y por expresa “sugerencia” del superintendente de la comunidad regional Antonov hubo de declarar zona de desastre generacional y ley seca hasta que se normalicen las cosas.

 

    Finalmente, luego de arduas batallas propagandísticas en radios, folletos, programas de televisión regional, cartas de lectores, afiches, boca a boca, y repartijas de comité el ayuntamiento revocó la sesión en préstamo del edificio de la ex estación ferroviaria a los integrantes de “la casa de la cultura”. Quedó claro entre la población no adicta a Gonzalito Antonov que el ayuntamiento no había nunca desembolsado ni un real en el funcionamiento de la clausurada institución. Entre los obsecuentemente adictos al alcalde podía verse una sonrisa de satisfacción y escuchar de sus pútridas bocas expresiones de apoyo por el ahorro logrado. 

 

    El jefe partidario de la Unidad Civil pidió explicaciones al alcalde de Coronel González Plata por los hechos acaecidos durante la “semana loca”. Y en congreso general partidario Antonov tuvo que dar explicaciones.

miércoles, 30 de diciembre de 2020

Proyectos inaplicables y la puta costumbre de poner el palo en la rueda IX

 Proyecto vacacional

    Hartos en el ayuntamiento de que este tipejo insistiera en la puta costumbre de meter el palo en la rueda cada vez que se traían un negocio entre manos. Furiosos por no haberlo podido quemar en la hoguera de la nueva inquisición. Sacados por completo al enterarse de que encima tenía sangre azul y por si fuera poco, habiendo perdido el material para la hoguera puesto que (de noche) Ernesto Tanque y su hijo se habrían llevado los leños para su hogar, decidieron entonces romperle las pelotas a él y devolverle el favor de tantas otras cuestiones que consideraban pendientes. Era sabido y aunque parezca mentira no ajeno al ayuntamiento, que Máximo y los mismos de siempre se creían adeptos a la cultura. Teatro, violines, Rock and roll, literatura, artesanías, artes plásticas, origami eran algunas de las disciplinas culturales que se desarrollaban en el abandonado predio de la antigua estación ferroviaria. No es que ahora recordemos el ferrocarril que en realidad estuvo presente desde la mención de la fundación de la aldea. Es que, al no transitar nunca tren alguno por estos lugares ya deja de ser una existencia real para pasar a ser parte del paisaje, y así como uno no hace mención de cada uno de los olmos del camino tampoco era pertinente la mención del ferrocarril. Recodemos entonces que el subdesarrollo de la comarca era por convicción. Bueno. Mientras que en todo el mundo el ferrocarril se extendía y aumentaba la velocidad de sus formaciones, en González Plata (y en Argentina) ocurría lo contrario hasta llegar prácticamente a la extinción total. Érase entonces que un grupo de ciudadanos de la aldea había propuesto al alcalde la utilización del predio para instalar una casa de cultura, una especie de salón de usos múltiples abocado a los temas culturales sin fines de lucro.

 

    -Y... esto ¿Cuánto me va a costar?- fue todo el interés demostrado por el alcalde

 

  - Gonzalo- respondió pacientemente el pintor- me parece que no nos estamos entendiendo. Necesitamos la autorización para disponer del predio. Nosotros lo acondicionamos, nosotros lo pintamos y ponemos en funcionamiento. Es a voluntad. Nadie paga nada; todos hacemos algo... ¿sí?

 

    -Y... mirá: dejame que lo consulte con los asesores de cultura de la concejalía y el lunes te respondo.

 

    -¿Asesores de cultura?¿Desde cuando Gonzalo?

 

    Así era; aunque las evidencias demostrasen lo contrario en el ayuntamiento había quien cobraba por asesorar en el ámbito cultural. Pasaron varios lunes hasta que Jaime Bellograno recibió la llamada del alcalde. Le notificaron que el proyecto estaba aprobado y le mostraron la resolución. Jaime leía la resolución absorto en su asombro más que en las letras. Estiraba el mentón, cambiaba de foco el aire morisco de sus ojos y de tanto en tanto pasaba su mano como peinando su cabeza perfectamente redonda y acomodaba su cabello tupido y negrísimo, ahora con un pronunciado mechón de canas. Mas tarde al repetirse la escena ante sus compañeros de artes alguien notó su rápido encanecimiento.

 

    -No, es que pintando me di con el rodillo y la pintura no sale fácilmente- prosiguió- ni pensar en pasar aguarrás por la cabeza ¿se imaginan? La pintura se va; pero el cabello también.

 

    Los trabajos comenzaron a pulmón y sin un peso. Duraron más de dos meses tiempo suficiente para armar y desarmar parejas de jóvenes y no tanto. Por fin comenzó a funcionar la “Casa de la Cultura”. Un joven actor daba clases de teatro y expresión corporal, un grupo de poetas deliraba los sábados por la noche, titiriteros y bordadoras compartían el recinto los jueves por la tarde. Y era algo así como un paraíso secular instalado allí mismo, donde los mapas oficiales se van desdibujando, en las perdidas latitudes. Cierta vez en una reunión de poetas habíanse llegado poetas de otras comarcas inspirados por los comentarios del Boom cultural de la pequeña aldea. Divagaron y escribieron hasta entrada la noche y... finalmente varios de los poetastros completamente ebrios pasaron la noche frente a la casa de la cultura... precisamente en Las Puertas Del Cielo. Entre Eros, Afroditas, Morfeo y de la cósmica conjunción de carne y espíritu nacieron los más bellos poemas escritos en la región.

 

    Todo parecía demostrar que La casa de la Cultura era una verdadera pegada.


    -¿Cómo que no se nos ocurrió a nosotros?- repetía entre blasfemias el alcalde. Dora Beata, furiosísima por haber perdido la oportunidad de lucrar políticamente con semejante proyecto, decidió infiltrarse en uno de los grupos. Preguntó para estar bien segura qué días se juntaban los escritores, a lo que el poeta respondió con una pregunta más cortante que interrogativa: 

 

    -¿Qué... escribís acaso? 

 

    Y casi alardeando su antigua condición de puta petrolera, la presidenta de la concejalía respondió que escribía cuentos eróticos. Esta brevísima conversación se sucedía casualmente en los pasillos del departamento de inacción social mientras que Dora Beata regresaba de la oficina de Antonov rumbo a su aún pequeña oficina. Al cerrarse la puerta de la misma se escuchó como murmullo de pasillo: 

 

    "-Sí pero los escribes con tinta blanca y viscosa." 

 

    Ni poeta ni empleados supieron a quién atribuir semejante afirmación sospechada por varios. 

 

    No encontrando caldo de cultivo para su pretendida infección Dora Beata decidió ni aparecerse por la casa de la cultura. Pero se encargó de enviar a su cómplice Azucena Downpink para que, en papel de inocente escritora en busca de antologías, se infiltrara en el grupo de poetas y de allí en la casa de la cultura para desactivarla o convertirla en una herramienta de la propaganda oficialista pro Antonov. 

 

    Lo cierto es que Azucena no escribía ni la lista del supermercado, no tenía dentro de sí eso que llaman veta literaria y poco tiempo tardó en demostrar que no todo lo que brilla es oro o, mejor dicho, no todas son flores (a pesar del nombre). Mostró la hilacha, dejó ver lo ordinario de su madera, lo confuso de sus palabras, lo oscuro de su sentir.  Ya algo habían sospechado algunos de los “cultos” como en la aldea llamaban los obsecuentes del alcalde a quienes participaban de los eventos de la casa de la cultura, cuando en reiteradas ocasiones la habían visto (luego de acercarse al grupo... nunca antes) rodeada de libros de poemas y cuentos breves y... de apuntes que copiaba con velocidad de taquígrafo. Hasta que al fin incurrió en el terrible plagio de una de las poetizas.

 

    Pero fue desenmascarada. Ante la azorada concurrencia literata a Azucena Downpink se le pidieron las explicaciones correspondientes. Nada. Nada entonces mereció perdón. Sólo argumentaron sus ojos que en segundos recorrieron plagando de miradas al recinto de armoniosos poetas, a todos y cada uno de los cuadros que inertes colgaban de las paredes, a las carpetas parapetadas entre delicadas manos, a la mirada vacía del retrato de Borges. Sólo argumentaron sus cuerdas vocales con el silencio de quien se sabe culpable y se ampara en el derecho de no declarar en su contra. Sólo el rítmico tartamudeo de la excusa nunca hallada. Y finalmente: 

 

    -Chicos... esperen... no sé qué pasó.- y en sus ojos un vidrio de catedral gótica dejaba entrever un lúgubre halo cercano a la desesperación o la vergüenza.

 

    -Azucena- susurró la voz de la escritora plagiada- tomaste el poema de la carpeta que presentaríamos al editor. Yo la llevé a tu casa el Domingo.

 

    -¿Qué... iba a  integrar la antología?- intentó la infame como triste boceto de defensa.

 

    -¿Y qué te parece? ¿O para qué te la di... para que la copies y la traigas como tuya?- respondió la autora del poema plagiado.

 

    Otra voz sentenciaba e interrogaba a la deshojada azucena que no lograba identificar el origen de las preguntas. Luego, cuando ya era obvio que no hallaría una salida elegante, buscó una tangente e histrionizando un apuro poco creíble pero entendible como toda defensa dijo que el taxi la esperaba en... la otra esquina. Y desapareció para siempre.

 

    Días después de los sucesos en la casa de la cultura paseaban por la calle principal de la aldea la poetiza, Jaime Bellograno y Máximo Sottocorno. Observaban los escaparates de las nuevas tiendas y averiguaban costos con la idea de fabricar artesanalmente sus propio libros. Reían recordando cuando en esa misma calle el antiguo párroco “Sancho” fue apedreado por la mismísima virgen María por querer atribuirse un milagro que no le correspondía. 

 

    Por aquellos lejanos días en que la Madre de Dios se hizo imagen tangible ante los ojos de creyentes y escépticos Sottocorno había hecho una promesa... que no cumplió. No cumplió y no le pesaba ya que no era creyente y la había realizado en estado de shock al notar que una mujer metida dentro de un espejo le dirigía la palabra. Esta vez el espejo godo emplazado frente al reconstruido edificio municipal del ayuntamiento más alejado de la capital del reino no reflejaba miserias humanas sino que haciéndose eco del diáfano aire del día que empezaba a remontar su fulgor como un niño remonta su alegre barrilete una tarde ventosa de abril mostraba un hermoso jardín poblado de azucenas que se internaban puertas adentro de la construcción y en los ventanales de la misma podía verse la imagen reflejada de la remozada estación del otrora ferrocarril a lo lejos, navegando a la deriva en un mar terriblemente calmo de azucenas y rosas amarillas.

 

    Jaime comentó a sus acompañantes acerca de la belleza de aquella imagen. Máximo observó primero la imagen del espejo, luego al edificio del ayuntamiento y posteriormente levantó la vista hacia el fondo de la calle, allí la antes estación ahora casa de cultura. Frunció exageradamente el ceño. La mujer entre ambos comentó: 

 

    - Qué loco ¿no? En el espejo se reflejan las azucenas saliendo del ayuntamiento e invadiendo la casa de la cultura. ¿Quién diría? Ni que reflejara lo que nos pasó.

 

    Infelices. Inocentes. Ya verían que nada era casual.



BANDO

 

“El dignísimo ayuntamiento del Coronel González Plata en la honorabilísima figura de su Santidad el alcalde Sir Gonzalo Yosevik Antonov” plantea con carácter de necesidad y urgencia inapelable el cierre de la casa de la cultura bajo los siguientes vistos y considerandos:

 

Visto:

 

Que este ayuntamiento transita por una aguda crisis económica.

Que el sostenimiento de la casa de la cultura estaría fuera de presupuesto.

Que la cultura no genera ingresos genuinos al municipio.

Que se aproxima un nuevo período vacacional

 

Y considerando:

 

La urgente necesidad de un recorte presupuestario.

La inapelable necesidad de reducir las erogaciones municipales a un mínimo indispensable.

La necesidad manifiesta de incrementar el erario.

Y que si bien la cultura ya de por sí no genera adicciones como sí lo genera el fútbol y otras cuestiones y “ma’ encima[1]” en vacaciones el escaso interés disminuye.

El dignísimo ayuntamiento del Coronel González Plata en la honorabilísima figura de su Santidad el alcalde Sir Gonzalo Yosevik Antonov, con la firma unánime de la totalidad de los miembros de la concejalía municipal sancionan con fuerza de disposición general:

Ante los vistos y considerandos expuestos en el mismo se procederá a la clausura definitiva de la casa de la cultura y sesión en alquiler del edificio que ocupa.

Comuníquese, archívese, y “déase[2]” pública difusión.



[1] “ma’ encima”: (más-encima) vulgarismo redundante por “peor aún” o similar.

[2] déase: barbarismo exagerado por dése.

miércoles, 23 de diciembre de 2020

El Plan

Los pre adjudicatarios

    Finalmente llegó el esperado día. La noche anterior, Carmela y Máximo Sottocorno habían... soñando despiertos... idealizado (como tantos otros pobres pajaritos) cómo sería la vida en su casa nueva... bajo el techo propio. Acá un pequeño jardín... Al frente la habitación de los chicos, por el otro lado la biblioteca... Bah! El lugar para la compu y los libros. Ves? Se unen al cuerpo principal que sería la construcción que se entrega y en el medio queda una entrada jardín. Un portón con rejas de estilo colonial... Y así se retiraron a sus aposentos maritales, se amaron con gran entusiasmo y cada uno en su sueño, siguió soñando con la casa. La casa que por fin sería propia.

 

    Al mediodía siguiente pasó por la casa de los Sottocorno la madre del Sr. Vallemar. 

 

    –Chicos... Chicos llegaron las listas! ¿Las vieron? A mi hijo le tocó casa... pero me parece que a ustedes no.

 

    Inmediatamente (movidos por la curiosidad, la ansiedad y el desconcierto) abordaron el automóvil partiendo raudamente hacia el ayuntamiento para así ver, en su cartelera, el tan esperado listado. Ahí estaba: como blasfema esvástica en plena sinagoga, como el retrato de un violador en la mesa de luz de la niña ultrajada, como heces caninas en medio del salón: el listado en el que ellos figuraban últimos, no como adjudicados sino de suplentes. Y... en el primer lugar haciendo bandera de la iniquidad: “Madre” Grimaldi. Seguida en supuesto orden de méritos por: Omar Malavida (y cónyuge), Noelia Comecoqui (y cónyuge), Juanjo Martell (y cónyuge), José Alfredo Colorados (y... ¿cónyuge? Si estaban separados toda la aldea lo había comentado en su momento), Armando Revoleu (y cónyuge), Sr. Vallemar (y cónyuge), Rodrigo Mendoza y noviecita además de otros incontables ciudadanos todos en absoluta simpatía con la Unidad Civil. Finalizando el listado unos pocos no adeptos a Antonov.

 

    -¿Cóóóómo?- gritaron al unísono los estupefactos Sottocorno. –¡No puede ser! ¡Es una burla! Pero ¿qué pretenden estos hijos de mil putas? ¿Qué uno abandone de una vez esta aldea de mierda? 

 

    -Ya fuera de sí mismos estaban dispuestos a atropellar a quien fuera necesario. Se introducían en el vehículo para regresar a su hogar cuando hizo su aparición desde atrás de una insolente sonrisa, Timoteo.

 

    -¿Y Máximo, qué tal?

 

    Máximo, insultos mediante, cargó contra la burla del consejero, éste advirtiendo los modos del anterior se apresuró a tomarle la mano y saludarlo “como si nada”. 

 

    – No pará Máximo ¿qué pasa?

 

    -¡No te hagas "el otro" que sabés muy bien lo que pasa infeliz! ¡Me dejaron afuera y por si fuese poco ahí en el primer lugar mirá quién está! No puede ser... ¿qué pretenden?

 

    - No Máximo... pará. Explícame que no sé qué te pasa.

 

    - Los listados... ¿no sabés nada? Vení, mirá.

 

    -¿Sabés que no? Recién me enteré... me vinieron a decir a la concejalía que habían llegado. Y recién ahora los iba a ver. No, no... no sé nada... a ver cómo que te dejaron afuera?

 

    Durante el transcurso de la conversación Máximo y esposa se subieron al automóvil. Timoteo los seguía haciéndose el inocente. Ni bien Carmela se sentó y cerró la puerta éste introdujo la cabeza por la ventanilla abierta e intentaba calmar a Máximo. Es que Timoteo Cordones sabía que se había procedido mal y sabía que eso significaba que Sottocorno “incendiaría la aldea”. Creyeron (los miembros del ayuntamiento) que el hecho de figurar suplente calmaría al revoltoso. Creyeron tal vez que éste (Máximo) pensaría inocentemente que: bueno... que las cosas se habrían hecho bien... y que le tocó así por cuestiones del destino. Más adelante Timoteo mostraría la hilacha de la que estaba confeccionado que, como era de suponer por su pronto ascenso en el partido, no era seda pura, era sí hilacha de la más ordinaria, de esa que se utiliza para confeccionar la tela de las bolsas de papa y los trapos de fregar.

 

    -Veníte el martes por la concejalía y hablamos.

 

    -Me voy Timo... - murmuró Sottocorno- ya van a saber de mí. 

 

    Y sin esperar que Cordones termine de quitar su cuerpo del vehículo, le dio gas. El automóvil se movió unos metros y luego envuelto en un rugido atípico salió a todo galope... dejando sus huellas en el asfalto.

 

    Llegaron a la vivienda casi histéricos. Comieron e intentaron dormir. A las cuatro de la tarde El nosocomio local retenía en observación a Máximo bajo un cuadro severo de hipertensión. Cerca de medianoche le dieron la externación con la recomendación de que no se haga “mala sangre”. Una vez en su casa decidió proyectar su frustración en una carta dirigida al director del periódico.

 

 

Carta de Máximo Sottocorno al diario Río Plateado

 

González Plata, 15 de septiembre de 2005

DEMAGOGIA, CORRUPCIÓN O QUÉ?

 Sr. Director:

    A principios de año se convocó a la inscripción para un plan de viviendas que el Real Instituto de Planificación de la Vivienda construiría en Coronel González Plata. Como no poseo propiedad y cumplo con los requisitos decidí inocentemente anotarme. Uno de los primeros requisitos era justificar ingresos familiares por un monto superior a los $1.150, cierta cantidad de años de residencia en la localidad, no poseer inmueble ni loteo social u otras operatorias de viviendas institucionales. 

    Hoy 15/09 se hicieron públicas las listas luego de una angustiosa y sospechosa demora y de varios –en diez días están los listados- que “amablemente” respondían los empleados departamento de inacción social del ayuntamiento a cargo de la operatoria. Mi lugar en la lista era el correspondiente al último calificado como suplente. Soy un hombre instruido y hay cuestiones que no me cierran: 

 

1) Para tabular la información de las aproximadamente120 familias inicialmente inscriptas (con reglas y requisitos claros) no es necesario un tiempo excesivo. Se cotejan datos, se suma puntaje y se asigna. Nada muy distinto al trabajo censal o al escrutinio de una mesa electoral (funciones ambas en las que debí desempeñarme). Cabe destacar que supuestamente esta información estaría para los festejos del aniversario de la localidad. (19/05)

2) Si para ingresar era necesario un monto de ingreso mínimo de $1.154 reales con 36 centavos y medio. ¿Cómo puede ser que como preadjudicados titulares haya gente que recibe subsidios alimentarios? Manipularon las preadjudicaciones o alguien roba con los planes sociales. La evidencia está a la vista. Por si algún juez ocioso quiere hacer algo.

3) Se contempló como familia, y se incluyó como preadjudicatario a matrimonios separados y con nuevos ensambles familiares ¿¡vivirá con sus dos maridos!? Eso va contra la ley, es bigamia, es inmoral. Pero desde la institución encargada de revisar y adjudicar podría tener otro calificativo.

4) Están en la lista de titulares gente que no trabaja (Vivimos en una pequeña aldea y nos conocemos), gente adjudicada con loteos sociales. Gente que tiene ingresos y capital a quienes debería darle vergüenza pedir una casa de plan.

 

    Ahora yo me pregunto: ¿Quién tiene que hacerse cargo de hacer cumplir las reglas que ellos mismos imponen? O por qué directamente no organizan los planes de vivienda, por ejemplo: Plan Amigo, Plan Amigo ll, Loteo de la Unidad Civil, y Empleados del Ayuntamiento.

    Espero que esta presentación haya sido un error (o un mal chiste). Si no... no encuentro el calificativo que le corresponda.

    Si alguien me puede dar una explicación convincente y no una fantochada como la que intentaron hacerme creer mientras miraba la lista, estaría agradecido.

 

Muchas gracias _ Máximo Aurelio Sottocorno _ LE: 12.348.913

miércoles, 16 de diciembre de 2020

El plan

 Dudas y temores

Lentamente el invierno va dejando de blanquear el césped de la plaza, y las ramas de los castaños. El río poco a poco va aumentando su caudal (no como aquél fatídico año de la sequía artificial y toda la parafernalia del ayuntamiento). Los días como todos ya sabrán y del mismo modo en que ya lo han descrito infinidad de autores y poetas comenzaban a alargarse y el sol a mostrar su esplendor. Las niñas se engalanan y recorren ida y vuelta la calle principal de la aldea; los muchachos sentados en la esquina frente a la panadería y el “TODO POR DOS PESOS” les hacen ojitos, las saludan, juegan de mano haciéndose notar y luego ven pasar las niñas ya señoritas, ventean como toros en celo, y por fin admiran el paso ya postrero de los esbeltos y carnosos cuerpecitos en promesa de fruta madura. Más tarde cada uno en su hogar soñará con lo que no se atrevieron a decir y en sus sueños serán: hombre y mujer, por primera vez. Estas tardes que se prolongan sobre el horizonte del Coronel González Plata y aletargan el espíritu humano generando primaveras y capullos en flor generan milagros como el de ver a Carmela barriendo y baldeando la vereda de su casa. “Es bueno” diría en otra oportunidad “uno se comunica con vecinos que ni sabía que tenía y qué buen aire provoca el agua fresca en el cemento ya caliente por el sol que retorna de la lucha invernal”. Así era, evidentemente. Trabó conversación con su vecina que apuntaba los porotos para el mismo milagro que –para ser honesto- el milagro sucedía en la comarca toda.

-¿Qué haces Carmela?- dijo la andaluza- ¿qué sabes de las casas?

- y... Mirá... entre nos (y esta introducción misteriosa casi siempre invita a hacer rodar por las trompetas de la fama aquella infidencia que se presentó como secreto) la fiambrera del Plateado me dijo que según “La Catalina” ellos ya estaban adentro... entonces lo lógico sería que nosotros también... o sea ellos tienen un terreno del ayuntamiento...

- Sabes que eso me tiene preocupada- respondió la andaluza esposa del Sr. Vallemar- nosotros tenemos el terreno aquél y mira si por eso quedamos fuera.

- Por lo menos te quedaría el terreno. ¡Nosotros ni terreno tenemos!